El tallo esbelto debió dejarse erguido, para que pudiera verse luego en toda su hermosura la obra entera y florecida de la Naturaleza. -¡Robaron los conquistadores una página al Universo! José Martí

 

 

Las Ruinas Indias de José Martí

 

No habría poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana. No se puede leer sin ternura, y sin ver como flores y plumas por el aire, uno de esos buenos libros viejos forrados de pergamino, que hablan de la América de los indios, de sus ciudades y de sus fiestas, del mérito de sus artes y de la gracia de sus costumbres. Unos vivían aislados y sencillos, sin vestidos y sin necesidades, como pueblos acabados de nacer; y empezaban a pintar sus figuras extrañas en las rocas de la orilla de los ríos, donde es más solo el bosque, y el hombre piensa más en las maravillas del mundo. Otros eran pueblos de más edad, y vivían en tribus, en aldeas de cañas o de adobes, comiendo lo que cazaban y pescaban, y peleando con sus vecinos. Otros eran ya pueblos hechos, con ciudades de ciento cuarenta mil casas, y palacios adornados de pinturas de oro, y gran comercio en las calles y en las plazas, y templos de mármol con estatuas gigantescas de sus dioses. Sus obras no se parecen a las de los demás pueblos, sino como se parece un hombre a otro. Ellos fueron inocentes, supersticiosos y terribles. Ellos imaginaron su gobierno, su religión, su arte, su guerra, su arquitectura, su industria, su poesía. Todo lo suyo es interesante, atrevido, nuevo. Fue una raza artística, inteligente y limpia. Se leen como una novela las historias de los nahuatles y mayas de México, de los chibchas de Colombia, de los cumanagotos de Venezuela, de los quechuas del Perú, de los aimaraes de Bolivia, de los charrúas del Uruguay, de los araucanos de Chile.

 

El quetzal el pájaro hermoso de Guatemala, el pájaro de verde brillante con la larga pluma, que se muere de dolor cuando cae cautivo, o cuando se le rompe o lastima la pluma de la cola. Es un pájaro que brilla a la luz, como las cabezas de los colibríes, que parecen piedras preciosas, o joyas de tornasol, que de un lado fueran topacio, y de otro ópalo, y de otro amatista. Y cuando se lee en los viajes de Le Plongeon los cuentos de los amores de la princesa maya Ara, que no quiso querer al príncipe Aak porque por el amor de Ara mató a su hermano Chaac; cuando en la historia del indio Ixtlilxochitl se ve vivir, elegantes y ricas, a las ciudades reales de México, a Tenochtitlán y a Texcoco; cuando en la «Recordación Florida» del capitán Fuentes, o en las Crónicas de Juarros, o en la Historia del conquistador Bernal Díaz del Castillo, o en los Viajes del inglés Tomás Gage, andan como si los tuviésemos delante, en sus vestidos blancos y con sus hijos de la mano, recitando versos y levantando edificios, aquellos gentíos de las ciudades de entonces, aquellos sabios de Chichén, aquellos potentados de Uxmal, aquellos comerciantes de Tulán, aquellos artífices de Tenochitlán, aquellos sacerdotes de Cholula, aquellos maestros amorosos y niños mansos de Utatlán, aquella raza fina que vivía al sol y no cerraba sus casas de piedra, no parece que se lee un libro de hojas amarillas, donde las eses son como efes y se usan con mucha ceremonia las palabras, sino que se ve morir a un quetzal, que lanza el último grito al ver su cola rota. Con la imaginación se ven cosas que no se pueden ver con los ojos.

 

Se hace uno de amigos leyendo aquellos libros viejos. Allí hay héroes, y santos, y enamorados, y poetas, y apóstoles. Allí se describen pirámides más grandes que las de Egipto; y hazañas de aquellos gigantes que vencieron a las fieras; y batallas de gigantes y hombres; y dioses que pasan por el viento echando semillas de pueblos sobre el mundo; y robos de princesas que pusieron a los pueblos a pelear hasta morir; y peleas de pecho a pecho, con bravura que no parece de hombres; y la defensa de las ciudades viciosas contra los hombres fuertes que venían de las tierras del Norte; y la vida variada, simpática y trabajadora de sus circos y templos, de sus canales y talleres, de sus tribunales y mercados. Hay reyes como el chichimeca Netzahualpili, que matan a sus hijos porque faltaron a la ley, lo mismo que dejó matar al suyo el romano Bruto; hay oradores que se levantan llorando, como el tlascalteca Xicohténcatl, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se levantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo; hay monarcas justos como Netzahualcóyotl, el gran poeta rey de los chichimecas, que sabe, como el hebreo Salomón, levantar templos magníficos al Creador del mundo, y hacer con alma de padre justicia entre los hombres. Hay sacrificios de jóvenes hermosas a los dioses invisibles del cielo, lo mismo que los hubo en Grecia, donde eran tantos a veces los sacrificios que no fue necesario hacer altar para la nueva ceremonia, porque el montón de cenizas de la última quema era tan alto que podían tender allí a las víctimas los sacrificadores; hubo sacrificios de hombres, como el del hebreo Abraham, que ató sobre los leños a Isaac su hijo, para matarlo con sus mismas manos, porque creyó oír voces del cielo que le mandaban clavar el cuchillo al hijo, cosa de tener satisfecho con esta sangre a su Dios; hubo sacrificios en masa, como los había en la Plaza Mayor, delante de los obispos y del rey, cuando la Inquisición de España quemaba a los hombres vivos, con mucho lujo de leña y de procesión, y veían la quema las señoras madrileñas desde los balcones. La superstición y la ignorancia hacen bárbaros a los hombres en todos los pueblos. Y de los indios han dicho más de lo justo en estas cosas los españoles vencedores, que exageraban o inventaban los defectos de la raza vencida, para que la crueldad con que la trataron pareciese justa y conveniente al mundo. Hay que leer a la vez lo que dice de los sacrificios de los indios el soldado español Bernal Díaz, y lo que dice el sacerdote Bartolomé de las Casas. Ese es un nombre que se ha de llevar en el corazón, como el de un hermano. Bartolomé de las Casas era feo y flaco, de hablar confuso y precipitado, y de mucha nariz; pero se le veía en el fuego limpio de los ojos el alma sublime.

 

De México trataremos hoy, porque las láminas son de México. A México lo poblaron primero los toltecas bravos, que seguían, con los escudos de cañas en alto, al capitán que llevaba el escudo con rondelas de oro. Luego los toltecas se dieron al lujo; y vinieron del Norte con fuerza terrible, vestidos de pieles, los chichimecas bárbaros, que se quedaron en el país, y tuvieron reyes de gran sabiduría. Los pueblos libres de los alrededores se juntaron después, con los aztecas astutos a la cabeza, y les ganaron el gobierno a los chichimecas, que vivían ya descuidados y viciosos. Los aztecas gobernaron como comerciantes, juntando riquezas y oprimiendo al país; y cuando llegó Cortés con sus españoles, venció a los aztecas con la ayuda de los cien mil guerreros indios que se le fueron uniendo, a su paso por entre los pueblos oprimidos.

 

Las armas de fuego y las armaduras de hierro de los españoles no amedrentaron a los héroes indios; pero ya no quería obedecer a sus héroes el pueblo fanático, que creyó que aquéllos eran los soldados del dios, Quetzalcóatl que los sacerdotes les anunciaban que volvería del cielo a libertarlos de la tiranía. Cortés conoció las rivalidades de los indios, puso en mal a los que se tenían celos, fue separando de sus pueblos acobardados a los jefes, se ganó con regalos o aterró con amenazas a los débiles, encarceló o asesinó a los juiciosos y a los bravos; y los sacerdotes que vinieron de España después de los soldados echaron abajo el templo del dios indio, y pusieron encima el templo de su dios.

 

Y ¡qué hermosa era Tenochtitlán, la ciudad capital de los aztecas, cuando llegó a México Cortés! Era como una mañana todo el día, y la ciudad parecía siempre como en feria. Las calles eran de agua unas, y de tierra otras; y las plazas espaciosas y muchas; y los alrededores sembrados de una gran arboleda. Por los canales andaban las canoas, tan veloces y diestras como si tuviesen entendimiento; y había tantas a veces que-se podía andar sobre ellas como sobre la tierra firme. En unas venían frutas, y en otras flores, y en otras jarros y tazas, y demás cosas de la alfarería. En los mercados hervía la gente, saludándose con amor, yendo de puesto en puesto, celebrando al rey o diciendo mal de él, curioseando y vendiendo. Las casas eran de adobe, que es el ladrillo sin cocer, o de calicanto, si el dueño era rico. Y en su pirámide de cinco terrazas se levantaba por sobre toda la ciudad, con sus cuarenta templos menores a los pies, el templo magno de Huitzilopochtli, de ébano y jaspes, con mármol como nubes y con cedros de olor, sin apagar jamás, allá en el tope, las llamas sagradas de sus seiscientos braseros. En las calles, abajo, la gente iba y venía, en sus túnicas cortas y sin mangas, blancas o de colores, o blancas y bordadas, y unos zapatos flojos, que eran como sandalias de botín. Por una esquina salía un grupo de niños disparando con la cerbatana semillas de fruta, o tocando a compás en sus pitos de barro, de camino para la escuela, donde aprendían oficios de mano, baile y canto, con sus lecciones de lanza y flecha, y sus horas para la siembra y el cultivo: porque todo hombre ha de aprender a trabajar en el campo, a hacer las cosas con sus propias manos, y a defenderse. Pasaba un señorón con un manto largo adornado de plumas, y su secretario al lado, que le iba desdoblando el libro acabado de pintar, con todas las figuras y signos del lado de adentro, para que al cerrarse no quedara lo escrito de la parte de los dobleces. Detrás del señorón venían tres guerreros con cascos de madera, uno con forma de cabeza de serpiente, y otro de lobo, y otro de tigre, y por afuera la piel, pero con el casco de modo que se les viese encima de la oreja las tres rayas que eran entonces la señal del valor. Un criado llevaba en un jaulón de carrizos un pájaro de amarillo de oro, para la pajarera del rey, que tenía muchas aves, y muchos peces de plata y carmín en peceras de mármol, escondidos en los laberintos de sus jardines. Otro venía calle arriba dando voces, para que abrieran paso a los embajadores que salían con el escudo atado al brazo izquierdo, y la flecha de punta a la tierra a pedir cautivos a los pueblos tributarios. En el quicio de su casa cantaba un carpintero, remendando con mucha habilidad una silla en figura de águila, que tenía caída la guarnición de oro y seda de la piel de venado del asiento. Iban otros cargados de pieles pintadas, parándose a cada puerta, por si les querían comprar la colorada o la azul, que ponían entonces como los cuadros de ahora, de adorno en las salas. Venía la viuda de vuelta del mercado con el sirviente detrás, sin manos para sujetar toda la compra de jarros de Cholula y de Guatemala; de un cuchillo de obsidiana verde, fino como una hoja de papel; de un espejo de piedra bruñida, donde se veía la cara con más suavidad que en el cristal; de una tela de grano muy junto, que no perdía nunca el color; de un pez de escamas de plata y de oro que estaban como sueltas; de una cotorra de cobre esmaltado, a la que se le iban moviendo el pico y las alas. O se paraban en la calle las gentes, a ver pasar a los dos recién casados, con la túnica del novio cosida a la de la novia, como para pregonar que estaban juntos en el mundo hasta la muerte; y detrás les corría un chiquitín, arrastrando su carro de juguete. Otros hacían grupos para oír al viajero que contaba lo que venía de ver en la tierra brava de los zapotecas, donde había otro rey que mandaba en los templos y en el mismo palacio real, y no salía nunca a pie, sino en hombros de los sacerdotes, oyendo las súplicas del pueblo, que pedía por su medio los favores al que manda al mundo desde el cielo, y a los reyes en el palacio, y a los otros reyes que andan en hombros de los sacerdotes. Otros, en el grupo de al lado, decían que era bueno el discurso en que contó el sacerdote la historia del guerrero que se enterró ayer, y que fue rico el funeral, con la bandera que decía las batallas que ganó, y los criados que llevaban en bandejas de ocho metales diferentes las cosas de comer que eran del gusto del guerrero muerto. Se oía entre las conversaciones de la calle el rumor de los árboles de los patios y el ruido de las limas y el martillo. ¡De toda aquella grandeza apenas quedan en el museo unos cuantos vasos de oro, unas piedras como yugo, de obsidiana pulida, y uno que otro anillo labrado! Tenochtitlán no existe. No existe Tulán, la ciudad de la gran feria. No existe Texcoco, el pueblo de los palacios. Los indios de ahora, al pasar por delante de las ruinas, bajan la cabeza, mueven los labios como si dijesen algo, y mientras las ruinas no les quedan atrás, no se ponen el sombrero. De ese lado de México, donde vivieron todos esos pueblos de una misma lengua y familia que se fueron ganando el poder por todo el centro de la costa del Pacífico en que estaban los nahuatles, no quedó después de la conquista una ciudad entera, ni un templo entero.

 

De Cholula, de aquella Cholula de los templos que dejó asombrado a Cortés, no quedan más que los restos de la pirámide de cuatro terrazas dos veces más grande que la famosa pirámide de Cheops. En Xochicalco sólo está en pie, en la cumbre de su eminencia llena de túneles y arcos, el templo de granito cincelado, con las piezas enormes tan juntas que no se ve la unión, y la piedra tan dura que no se sabe ni con qué instrumento la pudieron cortar, ni con qué máquina la subieron tan arriba. En Centla, revueltas por la tierra, se ven las antiguas fortificaciones. El francés Charnay  acaba de desenterrar en Tula una casa de veinticuatro cuartos, con quince escaleras tan bellas y caprichosas, que dice que son «obra de arrebatador interés». En la Quemada cubren el Cerro de los Edificios las ruinas de los bastimentos y cortinas de la fortaleza, los pedazos de las colosales columnas de pórfido. Mitla era la ciudad de los zapotecas: en Mitla están aún en toda su beldad les paredes del palacio donde el príncipe que iba siempre en hombros venía a decir al rey lo que mandaba hacer desde el cielo el dios que se creó a sí mismo, el Pitao-Cozaana. Sostenían el techo las columnas de vigas talladas, sin base ni capitel, que no se han caído todavía, y que parecen en aquella soledad más imponentes que las montañas que rodean el valle frondoso en que se levanta Mitla. De entre la maleza alta como los árboles, salen aquellas paredes tan hermosas, todas cubiertas de las más finas grecas y dibujos, sin curva ninguna, sino con rectas y ángulos compuestos con mucha gracia y majestad.

 

Pero las ruinas más bellas de México no están por allí, sino por donde vivieron los mayas, que eran gente guerrera y de mucho poder, y recibían de los pueblos del mar visitas y embajadores. De los mayas de Oaxaca es la ciudad célebre de Palenque, con su palacio de muros fuertes cubiertos de piedras talladas, que figuran hombres de cabeza de pico con la boca muy hacia afuera, vestidos de trajes de gran ornamento, y la cabeza con penachos de plumas. Es grandiosa la entrada del palacio, con las catorce puertas, y aquellos gigantes de piedra que hay entre una puerta y otra. Por dentro y fuera está el estuco que cubre la pared lleno de pinturas rojas, azules, negras y blancas. En el interior está el patio, rodeado de columnas. Y hay un templo de la Cruz, que se llama así, porque en una de las piedras están dos que parecen sacerdotes a los lados de una como cruz, tan alta como ellos; sólo que no es cruz cristiana, sino como la de los que creen en la religión de Buda, que también tiene su cruz. Pero ni el Palenque se puede comparar a las ruinas de los mayas yucatecos, que son más extrañas y hermosas.

 

Por Yucatán estuvo el imperio de aquellos príncipes mayas, que eran de pómulos anchos, y frente como la del hombre blanco de ahora. En Yucatán están las ruinas de Sayil, con su Casa Grande, de tres pisos, y con su escalera de diez varas de ancho. Está Labná, con aquel edificio curioso que tiene por cerca del techo una hilera de cráneos de piedra, y aquella otra ruina donde cargan dos hombres una gran esfera, de pie uno, y el otro arrodillado. En Yucatán está Izamal, donde se encontró aquella Cara Gigantesca, una cara de piedra de dos varas y más. Y Kabah está allí también, la Kabah que conserva un arco, roto por arriba, que no se puede ver sin sentirse como lleno de gracia y nobleza. Pero las ciudades que celebran los libros del americano Stephens, de Brasseur de Bourbourg y de Charnay , de Le Plongeon y su atrevida mujer, del francés Nadaillac, son Uxmal y Chichén-Itzá, las ciudades de los palacios pintados, de las casas trabajadas lo mismo que el encaje, de los pozos profundos y los magníficos conventos. Uxmal está como a dos leguas de Mérida, que es la ciudad de ahora, celebrada por su lindo campo de henequén, y porque su gente es tan buena que recibe a los extranjeros como hermanos. En Uxmal son muchas las ruinas notables, y todas, como por todo México, están en las cumbre de las pirámides, como si fueran los edificios de más valor, que quedaron en pie cuando cayeron por tierra las habitaciones de fábrica más ligera. La casa más notable es la que llaman en los libros «del Gobernador» que es toda de piedra ruda, con más de cien varas de frente y trece de ancho, y con las puertas ceñidas de un marco de madera trabajada con muy rica labor. A otra casa le dicen de las Tortugas, y es muy curiosa por cierto, porque la piedra imita una como empalizada, con una tortuga en relieve de trecho en trecho. La Casa de las Monjas sí es bella de veras: no es una casa sola, sino cuatro, que están en lo alto de la pirámide. A una de las casas le dicen de la Culebra,  porque por fuera tiene cortada en la piedra viva una serpiente enorme, que le da vuelta sobre vuelta a la casa entera: otra tiene cerca del tope de la pared una corona hecha de cabezas de ídolos, pero todas diferentes y de mucha expresión, y arregladas en grupos que son de arte verdadero, por lo mismo que parecen como puestas allí por la casualidad; y otro de los edificios tiene todavía cuatro de las diecisiete torres que en otro tiempo tuvo, y de las que se ven los arranques junto al techo, como la cáscara de una muela cariada. Y todavía tiene Uxmal la Casa del Adivino, pintada de colores diferentes, y la Casa del Enano, tan pequeña y bien tallada que es como una caja de China, de esas que tienen labradas en la madera centenares de figuras y tan graciosa que un viajero la llama «obra maestra de arte y elegancia», y otro dice que «la Casa del Enano es bonita como una joya».

 

La ciudad de Chichén-Itzá es toda como la Casa del Enano. Es como un libro de piedra. Un libro roto, con las hojas por el suelo, hundidas en la maraña del monte, manchadas de fango, despedazadas. Están por tierra las quinientas columnas; las estatuas sin cabeza, al pie de las paredes a medio caer; las calles de la yerba que ha ido creciendo en tantos siglos, están tapiadas. Pero de lo que queda en pie, de cuanto se ve o se toca, nada hay que no tenga una pintura finísima de curvas bellas, o una escultura noble, de nariz recta y barba larga. En las pinturas de los muros está el cuento famoso de la guerra de los dos hermanos locos, que se pelearon por ver quién se quedaba, con la princesa Ara: hay procesiones de sacerdotes, de guerreros, de animales que parece que miran y conocen, de barcos con dos proas, de hombres de barba negra, de negros de pelo rizado; y todo con el perfil firme, y el color tan fresco y brillante como si aún corriera sangre por las venas de los artistas que dejaron escritas en jeroglíficos y en pinturas la historia del pueblo que echó sus barcos por las costas y ríos de todo Centroaméríca, y supo de Asia por el Pacífico y de África por el Atlántico. Hay piedra en que un hombre en pie envía un rayo desde sus labios entreabiertos a otro hombre sentado. Hay grupos y símbolos que parecen contar, en una lengua que no se puede leer con el alfabeto indio incompleto del obispo Landa, los secretos del pueblo que construyó el Circo, el Castillo, el Palacio de las Monjas, el Caracol, el pozo de los sacrificios, lleno en lo hondo de una como piedra blanca, que acaso es la ceniza endurecida de los cuerpos de las vírgenes hermosas, que morían en ofrenda a su dios, sonriendo y cantando, como morían por el dios hebreo en el circo de Roma las vírgenes cristianas, como moría por el dios egipcio, coronada de flores y seguida del pueblo, la virgen más bella, sacrificada al agua del río Nilo. ¿Quién trabajó como el encaje las estatuas de Chichén-Itzá? ¿Adónde ha ido, adónde, el pueblo fuerte y gracioso que ideó la casa redonda del Caracol; la casita tallada del Enano, la culebra grandiosa de la Casa de las Monjas en Uxmal? ¡Qué novela tan linda la historia de América!


Nota. Colocando el cursor y seleccionado cualquiera de las palabras resaltadas en azul se abren nuevas páginas que ofrecen datos biográficos de los personajes o que amplian las descripciones de los sitios o las etnias indígenas que Martí trata. Las letras subrayadas despliegan además  imágenes que complementan gráficamente las explicaciones martianas.

 

 

    

 

J

 

Presentación de la edición crítica en línea de Las Ruinas Indias

Alejandro Herrera Moreno de la Fundación Cultural Enrique Loynaz

 

En el número de agosto de La Edad de Oro aparece un artículo de siete páginas y tres láminas cuyo título: Las Ruinas Indias, promete acercanos al pasado arquitectónico indígena. Para ello Martí revive ante el niño el pasado esplendor de las civilizaciones indígenas pero su desgarradora descripción de las ruinas del presente establece un dramático contraste que deviene en clara denuncia de las consecuencias del colonialismo español en América. Como toda edición crítica es nuestro objetivo  presentar este artículo e ir ofreciendo notas que esclarezcan aspectos claves de su contenido y contribuyan a su mejor comprensión temática y conceptual. En el  cuadro superior con barra desplazable se ofrece el texto íntegro de Las Ruinas Indias, donde hemos puesto vínculos a las referencias de interés, algunos con imégenes. Además se ha diseñado un cuadro inferior con textos e imágenes de los 31 personajes que aparecen en el artículo, donde el interesado podrá acceder a fichas ilustradas que incluyen: nombre, actividad, nacionalidad, época, obras citadas -directa o indirectamente- en La Edad de Oro, una valoración sobre lo que del personaje dijo Martí en sus escritos y referencias a investigaciones relevantes al personaje y su obra. Desde la ficha se accede interactivamente, a archivos de texto o imágenes en formato electrónico  que contienen biografías de todos los personajes y vínculos para que el interesado acceda a más de 30 documentos históricos de Nuestra América

 

En Las Ruinas Indias Martí presenta unos ocho personajes históricos del ámbito mundial que le permiten comparar nuestras civilizaciones indígenas con las del resto del mundo, en un franco plano de igualdad humana; seis de las realezas chichimeca y maya y dos de sus deidades para mostrar la diversidad y belleza de su cultura; seis exploradores y seis cronistas de la historia americana para presentar sus obras e invitarnos a leerlas y tres conquistadores para hablarnos del engaño y del crimen detrás de las ruinas. Cada personaje encaja en su propósito y todos en conjunto nos muestran una página de la historia americana como parte de la gran historia del mundo.

 

Es nuestro propósito convertir a esta edición crítica en un material de referencia para todo el que desee acercarse a esta conmovedora historia de arquitectura y anticolonialismo que es Las Ruinas Indias, donde Martí dice a los niños, lo que había planteado en su artículo El hombre antiguo de América y sus artes primitivas: "No más que pueblos en cierne, -que ni todos los pueblos se cuajan de un mismo modo, ni bastan unos cuantos siglos para cuajar un pueblo, -no más que pueblos en bulbo eran aquellos en que con maña sutil de viejos vividores se entró el conquistador valiente, y descargó su ponderosa herrajería, lo cual fue una desdicha histórica y un crimen natural. El tallo esbelto debió dejarse erguido, para que pudiera verse luego en toda su hermosura la obra entera y florecida de la Naturaleza. -¡Robaron los conquistadores una página al Universo! (8:335)


Algunas referencias importantes para estudiar Las Ruinas Indias

 

Manuel Larrainzar 1875. Estudios sobre la historia de América, sus ruinas y antigüedades, comparadas con lo más notable que se conoce del otro continente en los tiempos más remotos y sobre el orígen de sus habitantes.

Luisa Isabel Rodríguez Bello 2005. Las ruinas indias de José Martí: estética e identidad. Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid.

JJ

Aak

Nombre completo: Aac

Actividad/ Nacionalidad: Príncipe maya

Época: No encontrada     

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: Este personaje se presenta en Las Ruinas Indias cuando Martí, evocando los libros de varios americanistas famosos, dice: “Y cuando se lee en los viajes de Le Plongeon los cuentos de los amores de la princesa maya Ara, que no quiso querer al príncipe Aak porque por el amor de Ara mató a su hermano Chaak…” (18:381) En relación con la obra de Le Plongeon donde se trata el tema descrito por Martí, John T. Short (1), cita del Archaeological Communication on Yucatan de Le Plongeon lo siguiente: "In the funeral-chamber, the terrible altercation between Aac and Chaac Mol, which had its termination in the murder of the latter by his brother, is represented by large figures, three-fourths life size. There Aac is painted holding three spears in his hands, typical of the three wounds he inflicted on the back of his brother.” (2) En el libro de Alice Le Plongeon titulado Queen Moo's talisman; the fall of the Maya empire (1902) se menciona al Príncipe Aac y aparece una lámina con el siguiente pie: "Retrato del Príncipe Aac. Tomado de una escultura de madera sobre la puerta de la cámara funeraria del Pasillo Memorial de Chichen (Prince Aac's Portrait. From a sculptured wooden lintel over the door of the funeral chamber in Memorial Hall at Chichen). No hallamos referencias sobre Aak en el resto de la obra martiana conocida.


Notas. (1) John T. Short 1882. The North Americans Of Antiquity Their Origin, Migrations, And Type Of Civilization Considered. New York Harper & Brothers, Publishers

(2) Augustus Le Plongeon 1878. Archaeological Communication on Yucatan. In Salisbury's Maya Archaeology, p. 65, and Proceedings of Am. Antiq. Soc., October 21, 1878.

Figura de Aac, según Alice Le Plongeon en Queen Moo's talisman; the fall of the Maya empire

 

Abraham

Nombre completo: Abraham

Actividad/ Nacionalidad: Patriarca del pueblo israelí

Época: Hacia XV AC

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de la exposición de sus convicciones sobre la igualdad de la naturaleza humana, Martí realiza un hábil manejo comparativo de elementos históricos con un sentido espacio-temporal, para enfrentar en un plano de equidad a nuestros pueblos indios con los de otras naciones, incluyendo a los propios conquistadores. Es aquí cuando incluye a la figura de Abraham, retomando lo narrado en el Génesis cuando Dios pide a Abraham que sacrifique al hijo como prueba de lealtad. Al respecto, Martí dice: “…hubo sacrificios de hombres, como el del hebreo Abraham, que ató sobre los leños a Isaac su hijo, para matarlo con sus mismas manos, porque creyó oír voces del cielo que le mandaban clavar el cuchillo al hijo, cosa de tener satisfecho con esta sangre a su Dios…” (18:382) En la obra martiana hay algunas referencias a Abraham, en franca crítica a los “…mercaderes de la divinidad salvaje que exigen…[…]…como el ángel a Abraham, el sacrificio de sus hijos a cambio del favor de Dios…” (19:211) En sus cartas a La Nación de Buenos Aires del 21 de octubre de 1883, en una noticia sobre demencia religiosa donde un padre agredió a sus hijos le refiere “…como Abraham bárbaro, oveja fiera, sombrío ejemplo de la bestia humana…” (9:455) En carta del 24 de abril de 1880 a su amigo Miguel F. Viondi utiliza la expresión “… Abraham que mata…” (20: 285)  

Abraham e Isaac ,

óleo de Rembrandt (1634)

J

Alicia

Nombre completo: Alice Dixon le Plongeon

Actividad/ Nacionalidad: Escritora y fotógrafa inglesa

Época: 1851-1910

Obras citadas indirectamente: Varias obras

Comentarios: En Las Ruinas Indias Martí explica a los niños: “Pero las ciudades que celebran los libros …[…]… de Le Plongeon y su atrevida mujer …[…]… son Uxmal y Chichén-Itzá...” (18:387) Se refiere a Alice Dixon, la esposa de Augustus Le Plongeon, a quien menciona varias veces en su obra con calificativos como “…joven, instruida y discreta dama inglesa…” (8:327-328) “… inteligente y atrevidísima...” (10:48). En su artículo en El triunfo habanero del 5 de septiembre de 1884 (procedente de La América) sobre los esposos Le Plongeon leemos de Alice: "Un semanario de ciencias que sale a luz en New York ...[...]... publicaba no hace mucho una extensa y notable relación en que una estimable señora, leal compañera de su anciano y atrevido esposo, cuenta todo lo que recientemente ha descubierto entre las malezas de Yucatán el doctor Le Plongeon." (1) En este mismo trabajo expresa su admiración por esta mujer que viaja "...en pantalones bombachos, blusa holgada y sombrero de ala ancha..." (2) y "...por cierto, que no tiene más hermosura que la augusta que viene de saber desdeñar lo trivial y amar lo extraordinario. Joven es ella, como de unos treinta y seis años y más entendida en arqueología y en lenguas que su esposo." (3) El semanario de ciencias al cual hace referencia Martí en su artículo de septiembre de 1884 es el Scientific American de agosto de 1884 (4), donde Alice publica: Dr. Le Plongeon's latest and most important discoveries among the ruined cities of Yucatan. En la obra de Alice Le Plongeon se incluyen, además del trabajo mencionado, otros títulos como Notes on Yucatan (1879), Ruined Uxmal (1881), Yucatan's buried cities (1881), The new and old in Yucatan (1885), Here and there in Yucatan (1886), The Mayas: Their customs, laws and religion (1887), The Mayas. Individuality and personality (1890), Early architecture and engineering in Peru (1894) y Queen Moo's talisman; the fall of the Maya empire (1902) (5). En su comentario en Las Ruinas Indias, Martí pudo referirse a cualquiera de estas obras o incluso a cualquier periódico local, como el Scientific American -donde el mismo declara haber leído el artículo de Alice- o  el Harpers que  en febrero de 1885  le publicó a Alice su artículo Lo nuevo y lo viejo en Yucatán. Al parecer Martí conoció personalmente a Alice  según un comentario en su diario que dice: “…lo que me dijo en Belize la mujer de Le Plongeon, del que se quiso llevar de Yucatán las ruinas de los mayas, donde se ve, en una de las piedras pintadas de un friso, a un hombre sentado, de cuya boca india sale un rayo, y otro hombre frente a él, a quien da el rayo en la boca.” (19:197)


Notas: (1) José Martí 1982. Antiguedades americanas. Los esposos Le Plongeon: la isla de Mujeres. Anuario del Centro de Estudios Martianos 5, página 15.

(2) Ob. cit. página 16.

(3) Ob. cit. página 17.

(4) Alice Le Plongeon 1884.  Dr. Le Plongeon's latest and most important discoveries among the ruined cities of Yucatan. Scientific American, Supplement 448, August 3, pp. 7143-7144.

(5) Alice Dixon Le Plongeon 1902. Queen Moo's talisman; the fall of the Maya empire Peter Eckler, Publisher, New York,  86 pp.

Alice Dixon Le Plongeon

J

Ara

Nombre completo: Moo

Actividad/ Nacionalidad: Princesa maya

Época: No encontrada     

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: Este personaje tiene dos apariciones en Las Ruinas Indias. La primera es cuando Martí, evocando los libros de varios americanistas famosos, dice: “Y cuando se lee en los viajes de Le Plongeon los cuentos de los amores de la princesa maya Ara, que no quiso querer al príncipe Aak porque por el amor de Ara mató a su hermano Chaak…” (18:381) Más adelante en el artículo vuelve a recordar: "...En las pinturas de los muros está el cuento famoso de la guerra de los dos hermanos locos, que se pelearon por ver quién se quedaba, con la princesa Ara..." (18: 389) Cuando se busca en la obra de los esposos Le Plongeon, a quienes Martí atribuye el cuento, se observa que en varios de sus libros se toca el tema de esta tragedia amorosa, donde los personajes son Chac-Mool (el Chaak de Martí), su hermano Aac (el príncipe Aak de Martí), y el objeto de la sangrienta disputa: su hermana  Moo (llamada por Martí la princesa maya Ara en Las Ruinas Indias). Los nombres usados por Martí para los hermanos coinciden con los que aparecen en los libros, no así el nombre de la princesa. Buscando una explicación a este cambio -de Moo por Ara- nos dirigimos a las representaciones totémicas de cada uno de estos personajes. La representación de Chac es un tigre o un leopardo, la de Aac una tortuga pero la de la princesa maya Moo corresponde al guacamayo de la especie Ara militaris, de donde debe haber procedido el nombre. Al respecto, en Vestiges of the mayas (1881), Le Plongeon explica: “Next to the slabs engraved with the image of tigers was another, representing an ara militaris (a bird of the parrot specie, very large and of brilliant plumage of various colors). I took it for the totem of his wife, Moo, macaw; and so it proved to be when later I was able to interpret their ideographic writings.”(1) Estos elementos se repiten en Sacred mysteries among the Mayas and Quiches (1886) (2) El término genérico "ara"  era usado incluso como sustituto del nombre común del guacamayo, pues Stephen Salisbury en su obra sobre Le Plongeon  dice: "The queen of Itza is represented under the effigy of an ara, eating a human heart, on several bas-reliefs that adorned the monuments she raised to the beloved of her own heart, Chaacmol. (3) No hallamos referencias sobre Ara en el resto de la obra martiana. 


Notas. (1) Augustus Le Plongeon 1881. Vestiges of the Mayas.  J. Polhemus, New York., 86 pp.

(2) Augustus Le Plongeon 1909 Sacred mysteries among the Mayas and Quiches, 11,500 years ago.  Theosophical Publishing Company, New York, 163 pp.

(3) Stephen Salisbury1877. The Mayas, the sources of their history. Dr. Le Plongeon in Yucatan, his account of discoveries. Press of Charles Hamilton, 103 pp.  

Imagen de la Reina Moo, relieve

en la fachada Este de la Casa del Gobernador en Uxmal

J

Bartolomé Las Casas

Nombre completo: Fray Bartolomé de las Casas

Actividad/ Nacionalidad: Obispo, cronista y teólogo español

Época: 1484-1566

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: En Las Ruinas Indias hay una aparición de este personaje cuando dice: “Hay que leer a la vez lo que dice de los sacrificios de los indios el soldado español Bernal Díaz, y lo que dice el sacerdote Bartolomé de las Casas. Ese es un nombre que se ha de llevar en el corazón, como el de un hermano. Bartolomé de las Casas era feo y flaco, de hablar confuso y precipitado, y de mucha nariz; pero se le veía en el fuego limpio de los ojos el alma sublime” (18:382)  La necesaria aclaración alude a que si bien la obra de Bernal encierra importantes aspectos de la vida india que deben leerse, no hay que olvidar que era parte de los que desvirtuaron en provecho propio las costumbres indígenas; y por ello hay que leer también lo que escribió Bartolomé de las Casas, personaje conocido por su defensa de los indios a quien Martí elogia en este artículo y dedica uno en particular en el tercer número de la Revista, con evidente carácter anticolonialista. En el Sumario del No. 3 de La Edad de Oro aparece como parte del contenido: “El Padre las Casas: Vida y tiempos del Padre las Casas, con escenas de la época de la conquista y de las desgracias de los indios: con el cuadro El Padre las Casas, del pintor Parra.” (18:403) Se nos anticipa así su artículo El Padre Las Casas de nueve páginas y una lámina (18:440-448) donde este personaje es el centro de la atención y se citan sus obras:  Destrucción de las Indias Fray Bartolomé de las Casas, disputa o controversia con Ginés de Sepúlveda contendiendo acerca de la licitud de las conquistas de las Indias. La presencia de Las Casas en La Edad de Oro no queda en los trabajos  mencionados. En La última página de este número recapitulará: “Este es el número de La Edad de Oro, donde se ve lo viejo y lo nuevo del mundo y se aprende cómo las cosas de guerra y de muerte no son tan bellas como las de trabajar: ¡a saber si el tiempo del Padre las Casas era mejor que el de la Exposición de París!” (18:455) En la obra martiana abundan las referencias a este personaje. Desde La Opinión Nacional de Caracas del 14 de noviembre de 1881 (23:78) y del 1 de marzo de 1882  (23:222) y desde La Nación de Buenos Aires del 13 de julio de 1885 (10: 231) vuelve a mencionar a Las Casas, en su condición de defensor de los indios, al referirse elogiosamente al cuadro de igual nombre del pintor mexicano Félix Parra. En sus Fragmentos, con el número 293, aparece esta nota: “Las Casas vio matar a un niño indio, hacerlo pedazos y echarlo a los perros.” (22:196) Para un análisis detallado de este artículo remitimos al interesado a la Edición Crítica del Centro de Estudios Martianos. (1) 


Notas: (1) Centro de Estudios Martianos 2001. José Martí El Padre Las Casas Edición Crítica. Procesos Gráficos, 93 pp.

Fray Bartolomé de las Casas,

cuadro de Félix Parra (1875)

J

Bernal Díaz 

Nombre completo: Bernal Díaz del Castillo 

Actividad/ Nacionalidad: Conquistador y cronista español

Época: 1492-1584     

Obra citada directamente: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España 

Comentarios: Bernal Díaz del Castillo se presenta dos veces en Las Ruinas Indias. Al comienzo cuando Martí menciona las obras de varios americanistas famosos dice: “Y cuando se lee en…[…]…la Historia del conquistador Bernal Díaz del Castillo…” (18:381) lo cual es una referencia directa a la obra más conocida de este autor Historia verdadera de la conquista de la Nueva España concluída hacia 1568. Más adelante Martí aclara: “Hay que leer a la vez lo que dice de los sacrificios de los indios el soldado español Bernal Díaz, y lo que dice el sacerdote Bartolomé de las Casas.” (18:392) La aclaración de Martí no niega que se deba leer este libro, escrito por un protagonista directo de los hechos, pero hace justa referencia a la visión etnocentrista y conquistadora del bando que representa. El investigador francés Andre Saint-Lu resume este binomio antagónico Las Casas-Bernal, del cual Martí  pretende llamar nuestra atención, con estas palabras: "Nada tan contrastado y antagónico, aparentemente, como la figura histórica de Bernal Díaz del Castillo, que ha venido a ser, sobre todo a través de su Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España, el prototipo del conquistador orgulloso de su carrera y del colono reivindicador y pedigüeño, y la de su coetáneo Bartolomé de las Casas, el famoso campeón de la defensa de los indios y el más inflexible impugnador de la conquista y colonización españolas en América." (1) Bernal Díaz en su libro comenta abiertamente que su propósito es reivindicar la conquista de México (de la cual sacaron fama y nombre personajes individuales como Hernán Cortés) como una empresa colectiva: "Mi intento desde que comencé a hacer mi relación no fue sino para escribir nuestros heroicos hechos e hazañas de los que pasamos con Cortés, para que agora se vean y se descubran muy claramente quiénes fueron los valerosos capitanes y fuertes soldados que ganamos esta parte del Nuevo Mundo y no se refiera la honra de todos a un solo capitán; porque no hay memoria de ninguno de nosotros en los libros y memorias que están escritos, y sólo el marqués Cortés dicen en esos libros que es el que lo descubrió y lo conquistó, y los capitanes y soldados que lo ganamos quedamos en blanco, sin haber memoria de nuestra personas y conquistas, que por sublimar a un solo capitán quieren deshacer a muchos."  El escritor mexicano Juan Miralles Ostos en su reciente libro Y Bernal mintió (2008) nos dice que "Bernal Díaz del Castillo, aunque resentido y embustero, es fundamental para entender la historia." Este personaje se menciona en una de las Escenas europeas de Martí. (4:134) La Historia verdadera fue traducida al francés por el poeta José María de Heredia en tres volúmenes (1877-1878).


Notas: (1) André Saint-Lu 2008. Bernal Díaz Del Castillo y Bartolomé de Las Casas.  Centro Virtual Cervantes.

Busto de Bernal Díaz del Castillo,

del escultor guatemalteco

Rodolfo Galeotti Torres (1912-1988)

 

JJ

Brasseur de Bourboug

Nombre completo: Charles Ethienne Brasseur de Bourbourg

Actividad/ Nacionalidad: Explorador, etnógrafo, arqueólogo, escritor e historiador francés

Época: 1814-1874

Obras citadas indirectamente: Histoire des nations civilisées du Mexique et de l'Amérique-Centrale durant les siècles antérieurs à Christophe Colomb

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de los comentarios de Martí  sobre americanistas  y sus obras, leemos: “Pero las ciudades que celebran los libros…[…]… de Brasseur de Bourbourg, son Uxmal y Chichén-ltzá…” (18:387) Como se observa Martí hace referencia indirecta a alguno de los libros de Brasseur. La bibliografía relacionada con América de este explorador es amplia y cuenta con: Histoire des nations civilisées du Mexique et de l'Amérique-Centrale, durant les siècles antérieurs à Christophe Colomb (1857-1859), Voyage sur l'Isthme de Tehuantepec dans l'état de Chiapas et la République de Guatémala (1861), Popol Vuh, le Livre sacré des Quichés (1861), Grammaire Quichée et le drame de Rabinal Achí (1862), Monuments anciens du Mexique Palenque, et autres ruines de l'ancienne civilisation du Mexique (1866) y Quatre Lettres sur le Mexique (1868). En 1864 reprodujo y tradujo Relation des choses du Yucatan de Diego de Landa. Martí debe hacer referencia al primer trabajo de Brasseur, que es el que trata con mayor extensión en sus cuatro volúmenes las ruinas de estas ciudades, aunque bien puede referirse a otros que tocan el tema de alguna forma, especialmente el Popol Vuh de Brasseur que él conocía, según sus comentarios en su artículo El Popol Vuh de los quiches, páginas del libro de José Milla, publicado en La América de Nueva York, en mayo de 1884, donde cita expresiones y significados de este libro de Brasseur (7:183) de donde trambién sacó notas que aparecen en su cuaderno de apuntes número 13. (21:336) Hay varias referencias a este autor en la obra martiana. En sus notas periodísticas desde La Opinión Nacional, del 13 de febrero de 1882, alude a la traducción de Brasseur del libro de Landa, cuando hablando de la lengua maya, dice: “…revivida por las investigaciones del abate Brasseur de Bourbourg, americanista famoso.“ (23:198) En su artículo dedicado a la literatura india bajo el título de Una comedia indígena, publicado en La América de Nueva York, en junio de 1884 hay dos referencias a Brasseur: “Centroamérica guarda todavía, en ciertos títulos de propiedad de la época prehispana aún no publicados, y en los escasos manuscritos que le dejó el abate Brasseur de Bourbourg, más material original para deducir el carácter intelectual y la obra escrita de aquella esbelta e infortunada gente india, que lo que hasta ahora va presentado en los Comentarios Reales y libros de Sahagunes y Clavijeros.” (8:338) “De comedias indígenas, que es de lo que vamos hablando, poquísimo se sabe, a no ser lo que revelan el Rabinal Achi, diálogo avivado con bailes, como tenían por uso escribirlos y representarlos los indios nahuatles, que el abate Brasseur descubrió y sacó a luz, con aquellos ampulosos y ligeros comentarios suyos…”  (8:339) En una de sus Escenas Norteamericanas de La Nación de Buenos Aires del 20 de agosto de l885 refiriéndose al libro de Edward Payson Vining, An Inglorious Columbus (Un Colón sin gloria) nos entrega algunas valoraciones al comentar que al autor del libro “… los americanistas acusan de romanesco y novador, como al abate Brasseur, quien solía dar por cierto lo que le parecía y se llevó de Guatemala, lo cual no ha hecho Vining, riquezas de librería antigua que generosamente pusieron en sus manos los guatemaltecos.” (10:268) Esta último criterio alude al hecho histórico conocido de que Brasseur extrajo de la biblioteca de la Universidad Nacional de Guatemala el texto más antiguo que se conserva del Popol Vuh que es una transcripción del texto quiché hecha a principios del siglo XVIII por el fraile dominico Francisco Ximénez y lo publicó por primera vez en forma completa en 1861. Tras la muerte de Brasseur el sagrado documento se vio envuelto en una triste historia comercial de compra-ventas y subastas para terminar en la Biblioteca Newberry de la Ciudad de Chicago.

Charles Ethienne

Brasseur de Bourbourg

 

JJ

Bruto

Nombre completo: Lucio Junio Bruto          

Actividad/ Nacionalidad: Fundador de la República Romana             

Época: 509 ó 505 a. C.   

Obras citadas: Ninguna        

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de la exposición de sus convicciones sobre la igualdad de la naturaleza humana, Martí realiza un hábil rejuego comparativo de elementos históricos con un sentido espacio-temporal, para enfrentar en un plano de equidad a nuestros pueblos indios con los de otras naciones, incluyendo a los propios conquistadores. Es aquí cuando incluye a la figura de Bruto: ”Hay reyes como el chichimeca Netzahuaipilli, que matan a sus hijos porque  faltaron a la ley, lo mismo que dejó matar al suyo el romano Bruto…” (18:381) Respecto a este personaje parece haber cierta confusión pues existen varios Bruto en la historia romana. El Volumen 26 de las Obras Completas refiere al Bruto que se menciona en La Edad de Oro como Marco Junio Bruto junto a otras referencias de Martí. Sin embargo no hemos hallado en ninguna fuente a nuestro alcance que  Marco Junio Bruto haya matado a ninguno de sus hijos por faltas a la ley, como refiere Martí al citar al personaje. Quien si lo hizo fue Lucio Junio Bruto que sentenció a sus hijos Tito y Tiberio a muerte y fueron ejecutados por traición al participar en una conspiración en su contra. El propio Bruto, en calidad de consul, presidió la ejecución. Incluso, este hecho fue llevado al lienzo por el pintor francés Jacques-Louis David en la obra Los lictores llevan a Bruto el cuerpo de sus hijos, que mostramos en las imágenes adjuntas. En el resto de la obra martiana las referencias que aparecen sí corresponden a Marco Junio Bruto. Esto es claro en  su cuaderno de apuntes número 20 donde dice: “…“brillaban por su ausencia.- Sed praefulgebant Cassius atque Brutus eo ipso quod effigies” (21:463) Según el Dictionario de griego y romano en su biografía de Brutus, esta frase corresponde a Tácito, en sus Annales III, 76, cuando narra los funerales de Junia, viuda de Casio y hermana de Marco Junio Bruto, dice que delante de la urna, según era norma en los funerales romanos, llevaban procesionalmente los retratos de sus antepasados, y que los que más lucían eran los de Casio y Bruto, que faltaban pero que la imaginación creía ver en el fúnebre cortejo. El poeta José María de Heredia en su traducción del episodio relatado por Tácito escribe: “Delante de la urna fúnebre llevaban a sus antepasados: entre todos los héroes, que, presentes a nuestros ojos, provocaban el dolor y el reconocimiento, Bruto y Casio brillaban por su ausencia”.

Lucio Junio Bruto 

Los lictores llevan a Bruto el

cuerpo de sus hijos, cuadro de Jacques-Louis David (1789)

JJ

Buda    

Nombre completo: Gautama Buda  

Actividad/ Nacionalidad: Legendario sabio indio y  figura religiosa para budistas e hindúes

Época:  Hacia 563 AC    

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: Buda es el personaje más citado en La Edad de Oro, con 23 apariciones. En Las ruinas indias le sirve de tema comparativo sobre la religión y la identidad universal del hombre: "...a los lados de una como cruz, tan alta como ellos; sólo que no es cruz cristiana, sino como la de los que creen en la religión de Buda, que también tiene su cruz." (18:387) En La historia del hombre aparece como elemento de la arquitectura religiosa indostana: "Junto a Persia está el Indostán, que es de los pueblos más viejos del mundo, y tiene templos de oro, trabajados como trabajan en las platerías la filigrana, y otros templos cavados en la roca, y figuras de su dios Buda cortadas a pico en la montaña."  (18:365)  En La exposición de París, ya aparece como elemento particular de la cultura y la religión anamita: "Un anamita solo, sentado en cuclillas, mira, con los ojos a medio cerrar, la pagoda de Angkor, la de la torre como la flor de magnolia, con el dios Buda arriba, el Buda de cuatro cabezas." (18:428) Este elemento se repetirá en  Un paseo por la tierra de los anamitas: "“¿Y para qué necesitamos tener los ojos más grandes”, dicen los anamitas, “ni más juntos a la nariz?: con estos ojos de almendra que tenemos, hemos fabricado el Gran Buda de Hanoi, el dios de bronce, con cara que parece viva, y alto como una torre..." (18:461) Más adelante, en este mismo artículo, narrará Martí la historia de Buda, en un extenso texto con este comienzo: "Buda es su gran dios, que no fue dios cuando vivió de veras, sino un príncipe bueno, tan fuerte de cuerpo que mano a mano echaba por tierra a leones jóvenes, y tan hermoso que lo quería como a su corazón el que lo veía una vez, y de tanto pensamiento que no podían los doctores discutir con él, porque de niño sabía más que los doctores más sabios y viejos." (18:464) Buda seguirá siendo una constante en el artículo que transita de su vida a la difusión de su obra por sus discípulos, la manipulación de la iglesia y el rey de su figura y su papel como elemento de identidad cultural en la resistencia anticolonialista de los anamitas. En Cuentos de elefantes, nuevamente le sirve de tema comparativo sobre la religión: "En Siam no es sólo cariño lo que le tienen al elefante, sino adoración, cuando es de piel clara, que allá creen divina, porque la religión siamesa les enseña que Buda vive en todas partes, y en todos los seres, y unas veces en unos y otras en otros. y como no hay vivo de más cuerpo que el elefante, ni color que haga pensar más en la pureza que lo blanco, al elefante blanco adoran, como si en él hubiera más de Buda que en los demás seres vivos." (18:488-489) Buda tiene numerosas referencias en el resto de la obra martiana.

 

Chaac       

Nombre completo: Chaac  

Actividad/ Nacionalidad: Príncipe maya

Época: No encontrada     

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: Este personaje se presenta en Las Ruinas Indias cuando Martí, evocando los libros de varios americanistas famosos, dice: “Y cuando se lee en los viajes de Le Plongeon los cuentos de los amores de la princesa maya Ara, que no quiso querer al príncipe Aak porque por el amor de Ara mató a su hermano Chaak…” (18:381) En relación con la obra de Le Plongeon donde se trata el tema descrito por Martí, John T. Short (1), cita del Archaeological Communication on Yucatan de Le Plongeon (2) lo siguiente: "In the funeral-chamber, the terrible altercation between Aac and Chaac Mol, which had its termination in the murder of the latter by his brother, is represented by large figures, three-fourths life size. There Aac is painted holding three spears in his hands, typical of the three wounds he inflicted on the back of his brother.” (1)


Notas: (1) John T. Short 1882. The North Americans Of Antiquity Their Origin, Migrations, And Type Of Civilization Considered. New York Harper & Brothers, Publishers

(2) Archaeological Communication on Yucatan, by Dr. Le Plongeon in Salisbury's Maya Archaeology, p. 65, and Proceedings of Am. Antiq. Soc., October 21, 1878.

 

Charnay

Nombre completo: Claude Joseph Desiré de Charnay 

Actividad/ Nacionalidad: Explorador y fotógrafo francés

Epoca: 1835-1903

Obras citadas indirectamente: Les anciennes villes du Noveau Monde (Las ciudades antiguas del Nuevo Mundo) / Cites et ruines americaines (Ciudades y ruinas americanas)

Comentarios: En Las Ruinas Indias se menciona a este personaje dos veces pero no hay referencia directa a ninguna de sus obras sobre América, que incluyen: Le Mexique, souvenirs et impressions de voyage (1863), Cites et ruines americaines: Mitla, Palenque, Izamal, Chichen-Itza, Uxmal (1863), Les anciennes villes du Noveau Monde (1885), Une Princesse indienne avant la conquête (1888), Ma derniére expedition au Yucatán (1888) y A travers les fonts vierges (1890). También tradujo las cartas de Hernán Cortéz al francés bajo el título Lettres de Fernand Cortès à Charles Quint sur la découverte et la conquête du Mexique (1896)En su primera mención de Charnay Martí nos dice: “El francés Charnay acaba de desenterrar en Tula una casa de veinticuatro cuartos, con quince escaleras tan bellas y caprichosas, que dice que son "obra de arrebatador interés”." (18:385) Esta noticia nos remite a Les anciennes villes du Noveau Monde que contiene los estudios que en 1880 emprendiera Charnay en Tula, acompañados de fotografías, dibujos y planos. Además en el Harper´s Magazine de agosto de 1887 aparece una reseña de este libro que bien pudo también haber sido leída por Martí, así como la publicación en nueve partes que hizo Charnay en el  North American Review  bajo el título The Ruins of Central America entre 1880 (3) y 1881 (4,5). En otras partes de Las Ruinas Indias el texto alude a las descripciones de Charnay en Les anciennes villes du Noveau Monde. Por ejemplo, Martí dice: "En Yucatán está Izamal, donde se encontró aquella Cara Gigantesca, una cara de piedra de dos varas y más..." (18:387) Esta escultura se describe e ilustra en la página 311 de la versión en inglés del libro de Charnay que hemos revisado. (1) Otro ejemplo es cuando Martí dice: "Y Kabah está allí también, la Kabak que conserva un arco, roto por arriba, que no se puede ver sin sentirse como lleno de gracia y nobleza. . ." (18:387) Este arco se describe e ilustra en la página 379 del mencionado libro. Finalmente, las tres figuras que aparecen en Las Ruinas Indias: Máscaras indias (18:380), Ruinas de Kabah (18:386) y Puerta de la Casa del Gobernador, en Uxmal (18:388) se encuentran  respectivamente en las páginas 133, 381 y 398 del citado libro de Charnay.  En su segunda mención de Charnay, Martí dice: “Pero las ciudades que celebran los libros..[…]..de Charnay..[…]..son Uxmal y Chichén-ltzá.” Esta segunda cita alude directamente a Cites et ruines americaines que trata –entre otras- sobre las ruinas de estas dos ciudades. Las coincidencias en ideas y textos no dejan dudas acerca de que Martí tomó elementos de este libro o alguna reseña del mismo. Por ejemplo, en Las Ruinas Indias leemos que un viajero  dice que “la Casa del Enano es bonita como una joya”. (18:388) En su libro, al referirse al mismo sitio Charnay dice: "...ce petit morceau est fouillé comme un bijou..." (2) Por otra parte, Martí debe haber obtenido información sobre Charnay en otras fuentes como el Harpers Magazine que en agosto de 1887  publicó unas notas sobre Les anciennes villes du Noveau Monde o la revista de viajes Le Tour de Monde que publicó  dos trabajos de Charnay: Mes decouvertes au Mexique en 1861 y Un voyage a Yucatan en 1862, de los cuales el primero, adelanta muchos resultados que aparecerán en Les anciennes villes. No hemos hallado referencias sobre este autor en el resto de la obra martiana. Para más información recomendamos visitar el Sitio Web del Art History Laboratory dedicado a Charnay (6)


Notas (1) Desire Charnay 1887. The ancient cities of the New World, London, Chapman & Hall, Ltd., 512 pp.

(2) Desire Charnay 1863. Cites et ruines americaines: Mitla, Palenque, Izamal, Chichen-Itza, Uxmal Paris, Gide Editeur, 543 pp.

(3) Desire Charnay 1880. The Ruins of Central America North American Review, Vol. CCLXXXVI, Part I. pp. 185-204/ Part II. pp. 301-321/ Part III. pp. 431-439/ Part IV.  pp. 519-527.

(4) Desire Charnay 1881. The Ruins of Central America Part V. North American Review, Vol. CXXXII, Part V. pp. 41-51/ Part VI. Pp. 187-194/ Part VII, pp. 491-496/Part VIII. pp. 578-584

 (5) Desire Charnay 1881. The Ruins of Central America Part V. North American Review, Vol. CXXXIII, Part IX. pp. 390-404

(6) Art History Laboratory 2010. Exploring Desire Charnay, A French Photographer in Nineteenth Century Mexico

 Claude Joseph Desiré de Charnay 

 

Página 311 de Les anciennes villes du Noveau Monde con la cara gigantesca que cita Martí en Las Ruinas Indias

 

Página 105 de Les anciennes  villes du Noveau Monde, con el plano de la casa desenterraba por Charnay en Tula  que se cita en Las Ruinas Indias

 

Página 379 de Les anciennes villes du Noveau Monde donde aparece el "arco roto" que cita Martí en Las Ruinas Indias

 

Página 133 de Les anciennes villes du Noveau  Monde donde aparecen las máscaras que ilustran el inicio de Las Ruinas Indias

 

 Imagen de Kabah en la página 381 de Les anciennes villes du Noveau Monde, segunda ilustración en Las Ruinas Indias

 

Página 398 de Les anciennes villes du Noveau Monde con el Palacio del  Gobernador,  tercera ilustración de Las Ruinas Indias

 

 

Cheops  

Nombre completo: Cheops o Kufhu   

Actividad/ Nacionalidad:   Segundo faraón de la cuarta dinastía

Época:  2589-2566 AC

Obras citadas: Ninguna

Comentarios:  Este personaje se menciona dos veces en La Edad de Oro a través de su conocida pirámide y siempre con un sentido comparativo de magnitud. En Las Ruinas Indias la comparación sirve a Martí para valorizar la arquitectura india:  “De Cholula, de aquella Cholula de los templos, que dejó asombrado a Cortés, no quedan más que los restos de la pirámide de cuatro terrazas, dos veces más grande que la famosa pirámide de Cheops. (18:385) En La exposición de París, le permite dar una idea de la colosal obra de ingeniería que fue la Torre Eiffel: "Pero adonde va el gentío con un silencio como de respeto es a la torre Eiffel, el más alto y atrevido de los monumentos humanos. Es como el portal de la Exposición. Arrancan de la tierra, rodeados de palacios, sus cuatro pies de hierro: se juntan en arco, y van ya casi unidos hasta el segundo estrado de la torre, alto como la pirámide de Cheops…” (18: 413) No hemos hallado otras referencias a este personaje en el resto de la obra martiana.

 

Cortés       

Nombre completo: Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano

Actividad/ Nacionalidad: Conquistador español del imperio azteca

Época 1485 –1547

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: Este personaje tiene varias apariciones en La Edad de Oro. En Un juego nuevo y otros viejos Martí comenta: “Tenían juegos muy lindos los indios de México. Eran hombres muy finos y trabajadores, y no conocían la pólvora y las balas como los soldados del español Cortés…”  (18:342) En Las Ruinas Indias vuelve a mencionarlo en tres momentos:  "Los aztecas gobernaron como comerciantes, juntando riquezas y oprimiendo al país; y cuando llegó Cortés con sus españoles, venció a los aztecas con la ayuda de los cien mil guerreros indios que se le fueron uniendo, a su paso por entre los pueblos oprimidos. " (18:382) "Cortés conoció las rivalidades de l0s indios, puso en mal a los que se tenían celos, fue separando de sus pueblos acobardados a los jefes, se ganó con regalos o aterró con amenazas a l0s débiles, encarceló o asesino a los juiciosos y a los bravos; y los sacerdotes que vinieron de España después de los soldados echaron abajo el templo del dios indio, y pusieron encima el templo de su dios.  Y ¡qué hermosa era Tenochtitlán, la ciudad capital de l0s aztecas, cuando llegó a México Cortés!" (18:383) "De Cholula, de aquella Cholula de los templos, que dejó asombrado a Cortés, no quedan más que los restos de la pirámide de cuatro terrazas, dos veces más grande que la famosa pirámide de Cheops" (18:385)

Hernán Cortés

 

Demóstenes

Nombre completo: Demóstenes       

Actividad/ Nacionalidad: Orador y político ateniense

Época: 384-322 AC  

Obras citadas directamente: Ninguna

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de un hábil juego comparativo donde Martí enfrenta las conductas y actitudes de personajes de diferentes nacionalidades, civilizaciones y épocas, en un claro interés de fundamentar la identidad universal del hombre, leemos: “…hay oradores que se levantan llorando, como el tlascalteca Xicotencatl, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se levantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo…” (18:381) Alude Martí a los esfuerzos de este patriota ateniense para impedir la expansión del reino de Macedonia -en guerra contra Atenas- y motivar a sus compatriotas para oponerse a Filipo II de Macedonia. Los discursos políticos de Demóstenes contra Filipo II de Macedonia han pasado a la historia con el nombre de "filípicas". Se trata de cuatro documentos escritos entre 351 y 340 a. C., dirigidos contra el creciente poder macedonio, a quien veía como una amenaza, no sólo para Atenas, sino para todas las ciudades griegas. Debido a estos precedentes, la palabra filípica ha quedado como sinónimo de invectiva, censura acre, discurso hostil contra alguien. Hay varias menciones a este Demóstenes a lo largo de la obra martiana. En su trabajo sobre Cecilio Acosta en la Revista Venezolana del 15 de julio de 1881 dice: “Para Cecilio Acosta, un bravo era un Cid; un orador, un Demóstenes; un buen prelado, un San Ambrosio.” (8:163) En su artículo sobre Francisco Sellén en La Ofrenda de Oro, de Nueva York, en diciembre de 1890 dice: “De su pasión por los griegos sacó, severa como una estatua, La muerte de Demóstenes.” (5:194) En La Nación de Buenos Aires, el 9 de marzo de 1886 dice:“… el que dominando su dolor o interés saca un instante la cabeza por sobre las de los hombres, y los ve en marcha, en marcha como un ejército, aunque acá sigan alegres a Catilina y más allá vuelvan la espalda a Demóstenes, bien podría tenderse a morir, satisfecho de sus compañeros de batalla.” (11:383) En su poema Orilla de palmeras habla de “Demóstenes en brío” (17:284) y en uno de fragmentos leemos: “Demóstenes, el maestro perpetuo, cuando la honradez se llamaba moderación…”  (22: 283) Se menciona cinco veces en sus Antigüedades griegas y romanas, donde refiere constantemente “en los tiempos de Demóstenes…” (25:33)

Demóstenes practicando la oratoria, cuadro de Jean Lecomte du Nouÿ

 

Filipo

Nombre completo: Filipo II de Macedonia   

Actividad/ Nacionalidad: Rey de Macedonia

Época: 382-336 AC                                      

Obras citadas directamente: No aplica:                                                

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de un hábil juego comparativo donde Martí enfrenta las conductas y actitudes de personajes de diferentes nacionalidades, civilizaciones y épocas en un claro interés de fundamentar la identidad universal del hombre, leemos: “…hay oradores que se levantan llorando, como el tlascalteca Xicotencatl, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se levantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo…” (18:381) Alude Martí a Filipo II de Macedonia, enemigo acérrimo de Demóstenes quien veía en el creciente poder macedonio una amenaza, no sólo para Atenas, sino para todas las ciudades griegas. No hay otras referencias a este personaje en la obra martiana y solo en sus Antigüedades griegas y romanas hay una mención a Filipo. (25:39)

 

 

 

Filipo II de Macedonia

 

Fuentes

Nombre completo: Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán         

Actividad/ Nacionalidad: Historiador, cronista y poeta guatelmalteco      

Época: 1643-1700     

Obras citadas directamente: Recordación florida    

Comentarios: "...cuando en la "Recordación Florida” del capitán Fuentes…[…]… andan como si los tuviésemos delante, en sus vestidos blancos y con sus hijos de la mano, recitando versos y levantando edificios, aquellos gentíos de las ciudades de entonces…” (18:381) La denominada Recordación Florida o Historia de Guatemala, es la obra más conocida de Fuentes y Guzmán en la que se narran costumbres y ritos de los indígenas,  apuntes de la Conquista y hechos destacados de la historia de Guatemala hasta el siglo XVI.   En el resto de la obra martiana solo hallamos una referencia a este personaje. En El Economista Americano de Nueva York de enero de 1888 como parte de su crítica al libro del naturalista y etnólogo norteamericano William Tufts Brigham de 1887: Guatemala the land of the quetzal, dice: "...en este libro, que en una noticia sobre volcanes y terremotos cuenta la historia de aquella naturaleza fragante, halla lugar, con ayuda del buen obispo Juarros y el capitán Fuentes, de la “Recordación Florida”, y el “Popol Vuh”, que tradujeron Brasseur y Ximenes, y Milla..." (7:183) 

El quetzal, ave nacional

de Guatemala

 

Huitzilopochtli 

Nombre completo:  Huitzilopochtli 

Actividad/ Nacionalidad: Dios azteca del sol y la guerra 

Época: No aplica     

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: En Las ruinas indias, como parte de la presentación de la ciudad de Tenochtitlán como una imagen viva y actual, Martí narra: "Y en su pirámide de cinco terrazas se levantaba por sobre toda la ciudad, con sus cuarenta templos menores a los pies, el templo magno de Huitzilopochtli, de ébano y jaspes, con mármol como nubes y con cedros de olor, sin apagar jamás, allá en el tope, las llamas sagradas de sus seiscientos braseros." (18:383) Hay dos referencias a este personaje mitológico en la obra martiana. En sus apuntes culturales para el Liceo de Guanabacoa, leemos: "...y aquellas pinturas de Texcuco, reveladoras, rigurosas de los altos hechos de la dinastía de Huitzilopolti." (19:443) En sus fragmentos aparece copiado un pasaje tomado del Capítulo VII del libro Los Viajes de Tomas Gage donde dice: "Otros pretenden que el nombre de México -trae mucha más remota antigüedad, y q. se lo dieron los Mexitis, que han sdo. sus verdaderos fundadores. Cítase en apoyo de esta opinión, el nombre de Méxicas, que hasta hoy conservan los indios de una de las calles de la ciudad, habiendo tomado el suyo los Mexitis, de su principal ídolo Mexitli, venerable entre ellos con tanto culto como el mismo Huitzilopochtli, dios de la guerra." (22:183)

 

Isaac       

Nombre completo: Isaac

Actividad/ Nacionalidad: Patriarca del pueblo israelí, hijo de Abraham

Época: No encontrada

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: En Las ruinas indias, Martí realiza un manejo comparativo de elementos históricos culturales de diferentes civilizaciones, con un sentido espacio-temporal, como expresión de la identidad universal del hombre, para enfrentar en un plano de equidad a nuestros pueblos indios con los de otras naciones, incluyendo a los propios conquistadores.  Es aquí cuando incluye a la figura de Isaac junto a su padre Abraham, retomando lo narrado en el Génesis cuando Dios pide a Abraham que sacrifique al hijo como prueba de lealtad. Al respecto, Martí dice: “…hubo sacrificios de hombres, como el del hebreo Abraham, que ató sobre los leños a Isaac su hijo, para matarlo con sus mismas manos, porque creyó oír voces del cielo que le mandaban clavar el cuchillo al hijo, cosa de tener satisfecho con esta sangre a su Dios…” (18:382)  En la obra martiana hay una referencia a Isaac en el Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos del 7 de abril de 1895:  “Es preciso desterrar de este fuerte país negro a esos mercaderes de la divinidad salvaje que exigen a los pobres campesinos, como el ángel a Abraham, el sacrificio de sus hijos a cambio del favor de Dios: el gobierno de este país negro, de mujeres trabajadoras y de hombres vírgenes, no debe matar a la infeliz mujer que mató ayer a su hija, como Abraham iba a matar a Isaac, sino acabar, "con el rayo de la luz, al papa-boco, al sacerdote falso que se les entra en el corazón con el prestigio de la medicina y el poder sagrado de la lengua de los padres...”" (19:211)

Abraham e Isaac ,

óleo de Rembrandt (1634)

 

Ixtlilxochitl 

Nombre completo: Ixtlilxochitl, Fernando de Alva                     

Actividad/ Nacionalidad: Historiador mexicano       

Época: 1568-1648         

Obras citadas indirectamente: Historia de la nación chichimeca               

Comentarios: En la primera parte del artículo Las Ruinas Indias, donde Martí hace una amplia presentación de diferentes americanistas famosos y sus obras, en clara convidación a su lectura, aparece este personaje ciando dice  “…cuando en la historia del indio Ixtlilxochitl se ve vivir, elegantes y ricas, a las ciudades reales de México, a Tenochtitián y a Texcoco…” (18:381) Se refiere Martí a la obra Historia de la nación chichimeca y de los antiguos reyes de Texcuco, escrita entre 1610 a 1640 y consoderada el mejor trabajo de Ixtlilxochitl. No hemos hallado otras referencias a este personaje en la obra martiana.  Bajo el titulo de Histoire des chichimeques existe una versión en francés de esta obra. (1)


Notas: (1) Fernando d'Alva Ixtlilxochitl 1840. Histoire des Chichimèques ou des anciens rois de Tezcuco, traduite sur le manuscrit espagnol, Première partie,  404 pp.

 

 

Juarros

Nombre completo: Domingo Juarros y Montúfar

Actividad/ Nacionalidad:  Fraile, cronista e historiador guatemalteco  

Época: 1753-1821            

Obras citadas directamente: Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte del recuento que hace Martí de las obras de diferentes americanistas, nos dice: "Cuando en la "Recordación Florida” del capitán Fuentes, o en las Crónicas de Juarros, o en la Historia del conquistador Bernal Díaz del Castillo, o en los Viajes del inglés Tomás Gage, andan como si los tuviésemos delante, en sus vestidos blancos y con sus hijos de la mano, recitando versos y levantando edificios, aquellos gentíos de las ciudades de entonces..." (18:381) Se refiere Martí a la obra de Juarros titulada Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala, cuya publicación no se realizó hasta el 27 de abril de 1809. Hay algunas referencias a este personaje en la obra martiana. En su folleto Guatemala publicado en México en 1878 recuerda “...el Padre Juarros, pintoresco y cándido cronista del reino guatemalteco...” (7:117) “...sencillo narrador de la épicas luchas de los indios y minucioso cronista de frailes, misioneros, cofradías, imágenes, soldados y conventos.” (7:146)  En su Sección Constante de La Opinión Nacional, en 9 de febrero de 1882, leemos: "...el Padre Juarros, que ha escrito una crónica infantil y minuciosa de la conquista de Centroamérica..." (23:191)  En El Economista Americano de Nueva York de enero de 1888 como parte de su crítica al libro del naturalista y etnólogo norteamericano William Tufts Brigham de 1887: Guatemala the land of the quetzal, dice: ". "...en este libro, que en una noticia sobre volcanes y terremotos cuenta la historia de aquella naturaleza fragante, halla lugar, con ayuda del buen obispo Juarros..." (7:183) 

Catedral de Guatemala

 

 

Landa  

Nombre completo: Diego de Landa

Actividad/ Nacionalidad: Cura y conquistador español

Época: 1524-1579

Obras citadas indirectamente: Relación de las cosas de Yucatán

Comentarios: En Las Ruinas Indias  leemos: “Hay grupos y símbolos que parecen contar, en una lengua que no se puede leer con el alfabeto indio incompleto del obispo Landa…” (18:389) Para conocer más de este personaje debemos recordar que los mayas desarrollaron un elaborado sistema de escritura jeroglífica con la cual adornaron monumentos y edificios religiosos y recogieron su historia, sus rituales y sus creencias. También escribieron sobre códices de papel elaborados a partir de corteza de árbol, los cuales trataban aspectos diversos de la vida maya y tenían carácter sagrado. La mayoría de estos códices fueron alevosamente destruidos durante el período de la conquista debido a que los misioneros cristianos los consideraron peligrosos para su labor evangelizadora. En la labor de destrucción de estas riquísimas fuentes documentales se destacó Fray Diego de Landa, primer Obispo de Yucatán, quien los vio como obras diabólicas y ordenó quemar cuantos encontró a su paso. La brutalidad de esta destrucción aparece en varias referencias en la obra martiana. En su artículo Autores americanos aborígenes de La América, Nueva York de abril de 1884 Martí escribe: “La pompa de los samanes, la elegancia de las palmeras, la varia y brillante fronda que viste a los montes americanos, lucen en los restos de obras de autores indios que se salvaron de manos de obispos Landas…” (8:335) En los apuntes martianos, encontramos: “'Idolos, libros, altares, vasos y maravillas del arte hierático, todo vino a los pies del asolador Diego de Landa, y así en Chiapas, y así en Texcuco.” (19:443). Sin embargo, muchas fuentes plantean que Landa fue una pieza clave para descifrar la escritura maya pues en su obra Relación de las cosas de Yucatán, añadió una breve relación de jeroglifos mayas a modo de alfabeto (1), que es el  mencionado por Martí en La Edad de Oro. El llamado aporte de Landa, en tal sentido, es en cierto modo cuestionado por Martí, quien además de llamarle "incompleto" a su alfabeto en La Edad de Oro, nos dice en una nota periodística para La Opinión Nacional del 13 de febrero de 1882: “Oímos hablar de la lengua maya como de un documento antiguo de una civilización muerta, salvado del olvido en un libro de Diego de Landa...[...]... Pero es de saber que la lengua maya -se habla aún en toda su pureza en algunos lugares de la América Central…” (23:198)  Si se mira con ojos de verdadera justicia, la destrucción causada por este religioso no debe ser disminuida con ninguna de sus obras posteriores,  aún cuando contribuyeran al entendimiento de la lengua maya, pues ¿cuánto más no hubiéramos aprendido si hubiesen llegado a nuestro tiempo los códices enteros?


Notas: (1) Biblioteca de la Historia. El mundo cosmológico maya Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

El siniestro Diego de Landa

Alfabeto de Landa

Códice maya que sobrevivió a la destrucción de Landa

 

Le Plongeon

Nombre completo: Augustus Le Plongeon

Actividad/ Nacionalidad: Arqueólogo y fotógrafo francés

Época: 1826-1908

Obras citadas indirectamente: Varias obras

Comentarios: Este personaje se menciona dos veces en Las Ruinas Indias. Primero leemos: “Y cuando se lee en los viajes de Le Plongeon los cuentos de los amores de la princesa maya Ara, que no quiso querer al príncipe Aak porque por el amor de Ara mató a su hermano Chaak…” (18:381)  Más adelante dice: “Pero las ciudades que celebran los libros …[…]… de Le Plongeon y su atrevida mujer …[…]… son Uxmal y Chichén-Itzá...” (18:387) En relación con la primera aparición del arqueólogo francés, Martí hace alusión a un tema que aparece en Archaeological Communication on Yucatan (1879), donde Le Plongeon dice lo siguiente: "In the funeral-chamber, the terrible altercation between Aac and Chaac Mol, which had its termination in the murder of the latter by his brother, is represented by large figures, three-fourths life size. There Aac is painted holding three spears in his hands, typical of the three wounds he inflicted on the back of his brother.” (1)  También en la página 28 de Vestiges of the Mayas (1881) leemos de esta historia: “By a most rare coincidence we have the same identical story recorded in the mural paintings of Chaacmol's funeral chamber, and in the sculptures of Chichen and Uxmal. There we found that Chaacmol, the husband of Moo is killed by his brother Aac, who stabbed him three times in the back with his spear for jealousy. Aac was in love with his sister Moo, but she married his brother Chaacmol from choice, and because the law of the country prescribed that the younger brother should marry  his sister, making it a crime for the older brothers to marry her.“ (2) En relación con la segunda mención ligada a las ciudades de Uxmal y Chichén-Itzá, en la obra de Le Plongeon, además de los títulos ya mencionados se incluyen otros a los cuales pudo referirse Martí como: Vestiges of antiquity (1873), Mayapan and Maya inscriptions (1881),  An interesting discovery: a temple with Masonic Symbols in the ruined city of Uxmal (1881) y Sacred mysteries among the Mayas and Quiches (1886). En la obra martiana hay numerosas referencias a Le Plongeon, a quien Martí, en sus notas de viajes sobre Jólbos, define como: “…erudito americano, un poco hierólogo, un poco arqueólogo, locuaz y avaricioso, industrial de la ciencia, que la ha estudiado para hacer comercio de ella…” (19:29) En su Sección Constante de La Opinión Nacional del 8 de noviembre de 1881, leemos: “El Dr. Le Plongeon es un anciano activo y revoltoso, que se está haciendo notorio por la buena fortuna con que persigue y descubre ruinas de monumentos y estatuas de los mayas en Yucatán, y por el indiscreto lenguaje y exagerada ambición que acompañan a sus descubrimientos. Como cuatro años hace, descubrió, y quiso apropiarse, una colosal estatua de un personaje indio, que él llamó Chac-Mool, el “Rey Tigre”; una soberbia estatua, recostada sobre el dorso, con las piernas encogidas, con la cabeza alta y vuelta hacia el Oriente, y con las manos sobre el seno, sosteniendo un plato lleno de piedras preciosas, según se afirma, -que las piedras no han aparecido, y de una sustancia extraña, como polvo, que Le Plongeon supone que fuera sangre del mismo personaje en cuyo honor se erigió esta estatua, que es la pieza más completa y grande que se conoce de la escultura antigua mexicana. El descubridor quiso quedarse con el descubrimiento, y lo ocultó en los bosques; pero el gobierno en virtud de la ley que prohíbe la extracción en país mexicano, de ningún tesoro histórico ni artístico de México, se apoderó de la valiosísima reliquia, que, luego de haber sido llevada en tiempo a la capital de Yucatán, fue trasportada con gran ira de los yucatecos, que la querían para su Museo particular, al Museo Nacional de México. Mas Le Plongeon, a quien acompaña en sus exploraciones su esposa, joven, sabia y discreta dama inglesa, ha vuelto de las Islas de la costa mexicana donde andaba desenterrando templos y viviendo en cabañas de palma en el fondo de los bosques o a la orilla de los mares   Uxmal, la ciudad magnifica de los mayas, cuyos contornos están llenos de maravillas de incalculable valía para la historia americana. Allí, excavando, ha encontrado un busto del dios Cay, con una inscripción en lengua maya, en la que se lee que el Dios es Ix-Azal. Cerca del busto estaba un altar con signos cabalísticos. Otros muchos restos históricos ha hallado el intrépido norteamericano, que, a su juicio se asemejan mucho a las reliquias encontradas en Heliópolis y en Menfis. Le Plongeon cree haber hallado vestigios de palabras caldeas en la inscripción de una piedra que hoy figura en una logia masónica. Los indios, con los cuales está el doctor en riña permanente, y que creen una profanación digna de la muerte que se atente a los restos, propiedades y viviendas de sus mayores, le amenazan y le han atacado alguna vez; pero el doctor ha puesto en torno de los lugares en que excava, y de los en que guarda sus monumentos, minas de dinamita. Harto crédulos, sin embargo, son los indígenas. Le Plongeon mismo asegura que pudo inducirles a que le revelaran el lugar donde estaba enterrada la colosal estatua de Chac-Mool, merced a la semejanza que con su larga barba y perfil correcto tenía a un guerrero barbado esculpido en una de las piedras de un monumento indio, cuya reaparición, como la de un profeta de quien había de venirles redención, aguardaban pacientemente los indígenas de las cercanías de esas dos grandes ciudades desaparecidas, Uxmal y Chichén.” (23:68-69) También en su Sección Constante de La Opinión Nacional pero el 13 de febrero de 1882, leemos “…el americano Le Plongeon, anciano atrevido que en compañía de su instruida esposa, joven inglesa, recorre las ruinas de Yucatán, trata con los indios, les habla en su lengua, vive en cabaña en los bosques y desentraña estatuas y reliquias en el fondo de la selva. Más se sabe ahora de los mayas, merced a las piedras que ha desenterrado, pinturas murales que ha descrito, y jeroglíficos que estudian Le Plongeon y su esposa, más diestra aún que el doctor en estos estudios,-que lo que se sabía…” (23:198) En La Nación de Buenos Aires del 6 de junio de 1884 se refiere a: “… los números del Scientific American en que el doctor Le Plongeon, casado con dama inteligente y atrevidísima, cuenta lo que con sus manos  mismas, y las de su mujer que le acompañaba vestida de hombre, ha arrancado a las marañas que cubren las ruinas de las ciudades enterradas en el señorío de Mayapán donde hoy vive la raza yucateca; y en las cuevas escondidas donde sobre informes y labrados pilares tendían las estatuas de sus héroes los antepasados de los indios.” (10:40) Ese mismo año, en septiembre, dedica un artículo en El triunfo habanero (procedente de La América) a los esposos Le Plongeon, donde leemos: "Un semanario de ciencias que sale a luz en New York ...[...]... publicaba no hace mucho una extensa y notable relación en que una estimable señora, leal compañera de su anciano y atrevido esposo, cuenta todo lo que recientemente ha descubierto entre las malezas de Yucatán el doctor Le Plongeon." (3)  Para mayor información sobre este personaje remitimos a los libros de Stephen Salisbury  (4) y J. T Short (5).


Notas: (1) Archaeological Communication on Yucatan, by Dr. Le Plongeon in Salisbury's Maya Archaeology, p. 65, and Proceedings of Am. Antiq. Soc., October 21, 1878.

(2) Augustus Le Plongeon 1881. Vestiges of the Mayas. New York, John Polhemus, Printer And Stationer, 102 Nassau Street, p. 28

 (3) José Martí 1982. Antiguedades americanas. Los esposos Le Plongeon: la isla de Mujeres. Anuario del Centro de Estudios Martianos 5, página 15.

(4) Stephen Salisbury 1877.  The mayas, the sources of their history. Dr.  Le Plongeon in Yucatan, his account of discoveries. From Proceedings of the American Antiquarian Society, April 26, 1876, And April 25, 1877. Privately Printed. Worcester  Press of Charles Hamilton, 126 pp.

(5) John T. Short 1882. The North Americans Of Antiquity Their Origin, Migrations, And Type Of Civilization Considered. New York Harper & Brothers, Publishers

Augustus Le Plongeon

 

Nadaillac

Nombre completo: Jean Francois Albert Du Pouget Marqués de Nadaillac

Actividad/ Nacionalidad: Arqueólogo y político francés

Época: 1818-1904

Obra citada indirectamente: L'Amérique préhistorique

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de los comentarios de Martí  sobre famosos americanistas  y sus obras, leemos: "Pero las ciudades que celebran los libros…[…]… del francés Nadaillac, son Uxmal y Chichén-ltzá…” (18:387) Como se observa Martí hace referencia indirecta a alguno de los libros de Nadaillac sin mencionar ninguno en específico. La bibliografía de este autor relacionada con América cuenta con tres obras básicas: L'Amérique préhistorique (1883), Mœurs et monuments des peuples préhistoriques (1888) y Le Préhistorique américain (1893). Todo parece indicar que Martí obtuvo su información del primer libro cuyo Capítulo VII Les ruines de l'Amérique centrale, está dedicado a las ruinas de la América Central y trata extensamente de las ciudades mencionadas (1). En la obra martiana hallamos dos referencias a Nadaillac. Desde La Nación de Buenos Aires el 2 de agosto de 1888, escribe Un congreso antropológico en los Estados Unidos refiriéndose a varios participantes –entre ellos  Nadaillac- con calificativos como “gente ilustre” y “maestros eminentes de la ciencia nueva,” (11:476) En carta a Manuel Mercado de junio de 1888 le comenta de este congreso: “…ahora hay aquí un Congreso Antropológico -sin más que veinticinco concurrentes, a pesar de que están entre los delegados de Europa, Nadaillac…” (20:126)


Notas (1) Nadaillac, Jean François Albert du Pouget, Marquis de 1883. L'Amérique préhistorique avec 219 figures dans le texte, Paris, G. Mason Éditeur, 588 pp.

Bajorelieve de Palenque en la página 326 de L'Amérique préhistorique"

L'Amérique préhistorique

 

Netzahualpilli       

Nombre completo: Netzahualpili 

Actividad/ Nacionalidad:  Rey de Texcoco 

Época: 1464-1515     

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de un hábil manejo comparativo de elementos históricos y culturales de diferentes civilizaciones en el tiempo y en el espacio, como expresión de la identidad universal del hombre, aparecen varios personajes indios americanos, entre ellos Netzahualpili. "Hay reyes como el chichimeca Netzahuaipilli, que matan a sus hijos porque faltaron a la ley, lo mismo que dejó matar al suyo el romano Bruto..."  (18:381) La referencia que emplea Martí la hallamos en el Capítulo 67  de la Historia de la Nación Chichimeca de Fernando de Alva Ixtlilxochitl (1) donde se narran los castigos que impuso el rey a sus propios hijos en cumplimiento de la ley. El capítulo cuenta la ejecución del primogénito de Nezahualpiltzintli y sucesor el príncipe Huexotzincatzin por presuntas insinuaciones con la concubina del rey, de su segundo hijo legítimo (que nació tras el príncipe), llamado Iztacquautzin, porque sin su licencia edificó unos palacios para su morada, sin haber hecho hazaña por donde los pudiese merecer, a otra hija suya doncella, porque habló a un hijo de un señor, y a otros dos de sus hijos que fueron a una conquista, y se hicieron dueños de unos prisioneros y cautivos que ciertos soldados suyos habían cautivado.


Notas: (1) Fernando de Alva Ixtlilxochitl Capítulo LXVII. Que trata cómo el rey Nezahualpiltzintli apaciguó un litigio que entre sí los infantes Acapioltzin y Xochiquetzaltzin sus hermanos traían; y de algunos notables castigos que hizo en sus hijos. En Historia de la Nación Chichimeca.

 

Netzahualcoyotl       

Nombre completo:  Nezahualcóyotl

Actividad/ Nacionalidad: Monarca de  Tetzcuco en el México precolombino

Época: 1402-1472     

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de un hábil manejo comparativo de elementos históricos y culturales de diferentes civilizaciones en el tiempo y en el espacio, como expresión de la identidad universal del hombre, aparecen varios personajes indios americanos, entre ellos Netzahualcoyotl. Martí nos dice:  "...hay monarcas justos como Netzahualcoyotl, el gran poeta rey de los chichimecas, que sabe como el hebreo Salomón, levantar templos magníficos al Creador del mundo, y hacer con alma de padre justicia entre los hombres." (18:381-382) Hay varias referencias a este personaje en la obra martiana. En sus fragmentos, leemos: “Los Aztecas, que tuvieron una mitología no menos bella que la griega, y un Netzahualcóyotl no menos profundo que Platón.” (22:28) En un artículo de La América de Nueva York en abril de 1884 sobre Autores Americanos Aborígenes incluye a "...las odas de Netzahualcoyotl mexicano, más sublimes..." (8:335).  En una de sus Escenas Norteamericanas desde La Opinión Nacional de Caracas, el 4 de marzo de 1882 alaba al "...gran Netzahualcoyotl, poeta, rey y capitán excelso..." (9:256) También hay alabanzas en sus Notas, donde nos enseña: "... en su torre de Meditación de misterio la imponente y platónica figura de Netzahualcóyotl, triunfador como el Vara Vara de los Hindous, y cristiana y mística como el gran pensador casi divino..." (19:27-28) o "...aquel severo: aquel magnánimo, aquel astrónomo, aquel poeta, a aquel amado rey Netzahualcoyotl-que con trocar la flecha por el arado y el pedernal agudo por la oda, parecía anunciar a aquel que luego había de deponer ante la Asamblea de los nobles el sable brillante de los libertadores..."  (19:442) La figura también es recurrente para expresar el dolor americano ante la barbarie colonialista. En un fragmento del discurso pronunciado en el Club  del Comercio de Caracas, Venezuela, el 21 de marzo de 1881, leemos: "...hay que devolver al concierto humano interrumpido la voz americana, que se heló en hora triste en la garganta de Netzahualcoyotl..." (7:285) En sus Apuntes, leemos: "...la plegaria del gran Netzahualcóyotl se oye aún en el solemne rumor de las sabinas, en los melancólicos lamentos de las ruinas..." (15:103) La magnitud de lo destruido por los españoles es más evidente cuando desde su Cuaderno de Apuntes se pregunta: "¿qué versos de la colonia valen lo que la única oda, u odas, que se conocen de Netzahualcóyotl? (21:375)  

 

Pitao-Cozaana       

Nombre completo: Pitao-Cozaana   

Actividad/ Nacionalidad:  Padre de los dioses en la mitología azteca 

Época:  No aplica    

Obras citadas: No aplica

Comentarios: En Las ruinas indias, como parte de la detallada descripción de las diferentes ruinas de México, franca muestra de la magnitud de la barbarie colonialista, aparece este personaje que es una deidad de la mitología azteca, cuando Martí describe: "Mitla era la ciudad de los zapotecas: en Mitla están aún en toda su beldad las paredes del palacio donde el príncipe que iba siempre en hombros venía a decir al rey lo que mandaba hacer desde el cielo el dios que se creó a sí mismo, el Pitao-Cozaana." (18:395) Pitao Cozaana es conocido como el dios engendrador. No hemos hallado otras referencias a este personaje en el resto de la obra martiana conocida. Se requiere más información acerca del papel de esta deidad en el panteón azteca.

 

 

 

 Pitao Cozaana

 

Quetzacoatl       

Nombre completo: Quetzalcóatl (Serpiente emplumada)

Actividad/ Nacionalidad: Deidad de las culturas de Mesoamérica, en especial de la azteca

Época:  No aplica   

Obras citadas: No aplica   

Comentarios: En Las ruinas indias, leemos: "Las armas de fuego y las armaduras de hierro de los españoles no amedrentaron a los héroes indios; pero ya no quería obedecer a sus héroes el pueblo fanático, que creyó que aquéllos eran los soldados del dios Quetzalcoatl que los sacerdotes les anunciaban que volvería del cielo a libertarlos de la tiranía." (18:382-383) En el resto de la obra martiana hay dos referencias a este personaje. En sus fragmentos hay dos menciones de esta deidad. La primera dice: “Cenizas de Quetzalcoatl suben al cielo a manera de nubes coronadas por sus aves de brillante plumaje, de sus aves queridas de Toblan: y de entre ellas, el alma de Quetzalcoatl al cielo...” (22:28) La segunda mención aparece en la copia de un pasaje del libro de Tomas Gage: “Otros había junto a la orilla de la laguna; cabe un puente levadizo, los cuales gritaban a Cortés que, pues era hijo del Sol, intercediera con su padre, a fin de que los hiciera perecer; y después, dirigiéndose al Sol mismo, le suplicaban que pusiera fin a su mísera vida, y los dejara ir a gozar del descanso que esperaban hallar junto a su dios Quetzalcoatl.” (22:186)


Notas: (1) Samuel Smiles 1931. Chapter III. Great young men. Pp. 78. En: Life and Labour or Characteristics of Men of Industry, Culture and Genius, London John Murray, 384 pp.

 Quetzalcoatl,

la serpiente emplumada

 

Salomón       

Nombre completo: Salomón  

Actividad/ Nacionalidad: Personaje bíblico, último rey de Jerusalén 

Época:  No aplica     

Obras citadas: Ninguna

Comentarios: Este personaje tiene dos apariciones en La Edad de Oro. En el artículo La historia del hombre contada por sus casas, al referirse a las casas hebreas, dice: "Solían hacer sus casas como el templo que fabricó su gran rey Salomón, que era cuadrado, con las puertas anchas de abajo y estrechas por la cornisa, y dos columnas al lado de la puerta." (18:363). En el artículo Las ruinas indias, como parte de su manejo comparativo de elementos históricos culturales de diferentes civilizaciones, como expresión de la identidad universal del hombre, dice:  "...hay monarcas justos como Netzahualcoyotl, el gran poeta rey de los chichimecas, que sabe, como el hebreo Salomón, levantar templos magníficos al Creador del mundo, y hacer con alma de padre justicia entre los hombres." (18:381-382) Hay algunas referencias a este personaje en la obra martiana.

 

 

El rey Salomón, óleo de Pedro Berruguete (1450-1503)

 

 

Stephens

Nombre completo: John Lloyd Stephens                           

Actividad/ Nacionalidad: Explorador y escritor norteamericano         

Época: 1805-1852                        

Obras citadas indirectamente: Incidents of travel in Yucatan Vol I. y Vol. II / Incidents of travel to Central America, Chiapas and Yucatán  Vol. I y Vol. II

Comentarios: En Las Ruinas Indias, leemos: “Pero las ciudades que celebran los libros del americano Stephens...[...]...son Uxmal y Chichén-Itzá…” (18:387) Se refiere Martí a las dos obras publicadas por Stephens:  Incidentes de viaje en América Central, Chiapas y Yucatán  de 1841 e Incidentes de viaje en Yucatán de 1843. En ambas obras, cada una con dos volúmenes, hay abundante información sobre las ciudades que menciona Martí, con excelentes dibujos y retratos realizados por Frederick Catherwood, explorador, dibujante y fotógrafo inglés que acompañó a Stephens en sus viajes. En la obra martiana hemos hallado solo una referencia a este Stephens. En el ensayo sobre Antonio Bachiller y Morales publicado en El Avisador Hispano-americano en Nueva York el 24 de enero de 1889, dice: “…o por una buena pintura del muro de Mitla, todo de grecas del más fino dibujo, que él copiaba con líneas minuciosas, como las que Catherwood le puso a Stephens!” (5:150)

John Lloyd Stephens

Casa del Gobernador en Uxmal, tomado de la página 174 del Capítulo VII de Incidents of Travel in Yucatan Vol. I

Palacio de las monjas de Chichen- Itza, tomado de la página 297 del Capítulo XII de Incidents of Travel in Yucatan Vol. II  

  

 

Tomás  Gage

Nombre completo: Thomas Gage   

Actividad/ Nacionalidad: Cronista dominico y misionero inglés   

Época: 1597–1656   

Obras citadas directamente: Nueva relación o Los Viajes de Tomas Gage

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de su recuento de diferentes autores que han tratado en sus escritos el tema americano, leemos: “cuando en…[…]… los Viajes del inglés Tomás Gage, andan como si los tuviésemos delante, en sus vestidos blancos y con sus hijos de la mano, recitando versos y levantando edificios, aquellos gentíos de las ciudades de entonces, aquellos sabios de Chichén, aquellos potentados de Uxmal, aquellos comerciantes de Tulán, aquellos artífices de Tenochtitlán, aquellos sacerdotes de Cholula, aquellos maestros amorosos y niños mansos de Utatlán, aquella raza fina que vivía al sol y no cerraba sus casas de piedra, no parece que se lee un libro de hojas amarillas, donde las eses son como efes y se usan con mucha ceremonia las palabras, sino que se ve morir a un quetzal, que lanza el último grito al ver su cola rota.” (18:381)  Según Carmelo Sáenz, Tomás Gage publica sus memorias en 1648 en Londres con lo que había podido recopilar en aquellos doce años de viajes por tierras americanas, bajo el título The English American his Travail by Sea and Land. La versión original en ingles es menos conocida que su traducción al francés. De ésta última se han derivado las versiones hispanas conocidas. (1) Hay varias referencias a este personaje y su libro en la obra martiana. En carta a Manuel Mercado de 1878,  le recuerda: “…le envié copia de unos renglones del libro de Gage, divertidísimo por cierto.” (20:57) En carta a Néstor Ponce de León de octubre 30 de 1891 le pregunta, a nombre del Sr. Vicente Quesada, Ministro argentino,  “…sí Vd. tiene el libro de Tomás Gage sobre viajes, ese que hizo disfrazado de clérígo por México y Centro América.” (20:391) En La Opinión Nacional del 9 de febrero de 1882 escribe: “Muchos misterios del tiempo de la conquista dejan de serlo, y muchas que parecen maravillas quedan reducidas al nivel de hechos comunes, apenas se da el lector a hojear en el libro de Thomas Gage, que escribió por aquellos tiempos, y fue fraile en América, la verdadera relación de la conquista de México por Hernán Cortés…” (23:191) En su cuaderno de apuntes número 3 lo menciona y en el número 18 habla del “…donairoso y perseguido libro…” de Gage. En sus fragmentos, están copiados parte del Capitulo XVII (De la etimología y antigüedad de México, y del origen de sus fundadores, con un compendio cronológico de sus reyes hasta Moctezuma) y el Capítulo XVIII (Sucinta relación de la toma de México por los españoles) y aclara “De la relación de T. Gage.” (22:182-189)  


Notas: (1) Carmelo Sáenz 1971. Los viajes de Gage en el Siglo XVII hispanoamericano. Ponencia presentada en la Universidad de Deusto, IV Congreso de la  Asociación Internacional de Hispanistas. Salamanca.

 

Xicotencatl

Nombre completo: Xicohténcatl Axayacatzin         

Actividad/ Nacionalidad: Héroe tlaxcalteca

Época: 1484-1521     

Obras citadas:  Ninguna         

Comentarios: En Las Ruinas Indias, como parte de un hábil juego comparativo donde Martí enfrenta las conductas y actitudes de personajes de diferentes nacionalidades, civilizaciones y épocas, con la de personajes indios, en un claro interés de fundamentar la identidad universal del hombre, leemos: “…hay oradores que se levantan llorando, como el tlascalteca Xicotencatl, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se icvantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo…” (18:381)  Alude Martí al hecho histórico de cuando Hernán Cortés solicitó a los tlaxcaltecas permiso para pasar por su territorio rumbo a Tenochtitlan,  momento en el cual la mayor oposición a dejarlos pasar provino de Xicohténcatl Axayacatzin, argumentando en el Senado que el vaticinio de la llegada de los hombres blancos y barbados podía ser un engaño y que tal vez no fueran los que esperaban como lo predecía la famosa profecía del regreso de Quetzalcóatl, situación que decidió los posteriores enfrentamientos con los españoles, que  serían tan adversos a la República.

Xicohténcatl Axayacatzin